martes, 26 de agosto de 2014

Migraña

Dia 3 del cuaderno de bitácora. Llegó. De improviso y sin avisar. Porque las visitas incómodas nunca se anuncian. La migraña de estrés. Porque, aunque a veces pensemos que se ha marchado, el sigiloso destructor de ánimos se esconde tras la puerta de salida. Y espera su momento, cobarde, alevoso, falso, como la falsa moneda. Y ataca. Inmisericorde, con la idea de no hacer prisioneros, inyectados en sangre los ojos. Es un dolor mas alla de lo fisico. Duele la voluntad, que se anula. Duelen las ganas de avanzar y ser lastrado. Y comprendes, como dijo aquel escritor, la insoportable levedad de tu ser. Que se empequeñece, vapuleado por la horda de agujas imaginarias que se clavan en el cerebro aturdido, desbordado por la nausea que desequilibra.
La migraña golpea como aquel púgil, con puño de hierro y velocidad de avispa. La visita a la lona parece segura.
Pero existe el contragolpe. A duras penas, la llegada al centro de salud es como pisar isla diminuta despues del naufragio. Y la mano sabua, humana, curativa del médico hace la primera parte del trabajo. Con el análgesico y el oxigeno, el segundo asalto caerá de mi lado. Y para el tercero, despues del sueño y el silencio como aliados, solo hay que cambiarse de tren, y abandonar nervios, tension e inquietud, para coger vuelo directo a la tranquilidad, la calma, la pausa.
Y se irá. La migraña, burlona, desaparece pensando que el estrago causado será irreparable. Pues no. Doblado, pero en pie, como el junco de la vieja canción. No querria, pero nos citaremos para mas adelante. Aunque, quien sabe, migraña; igual no me presento a la reunion, y te quedas sola. Piensalo…

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