domingo, 24 de agosto de 2014

Descanso dominical

Aunque los tiempos hayan avanzado a velocidad de vértigo, todavía existen viejos clásicos, atemporales, inmortales. El descanso dominical. Patrimonio de la humanidad tal vez. Y eso que reformadores laborales, necesidades de los clientes y hábitos de vida diferentes amenazan su supervivencia.
La palabra "Domingo" huele a guerra de almohadas, a despertador amordazado en la mesilla. Huele a cafe, de esos que devuelven la condición de humano a quien lo saborea. En domingo no se puede tener prisa. Un largo caminar en busca de ese pan que hoy sí nos sabe a leña, puede ser la ocasión perfecta para estrechar la mano de nuestros hijos, que durante la semana se nos escapa de entre los dedos.
En domingo, la espuma de una buena cerveza acaricia los labios de quien la bebe, sentado bajo la caricia del astro rey.
Hasta la siesta parece durar más. Porque cuando decidimos vivir sin el freno de mano, descubrimos ese pequeño catálogo de grandes momentos que nos llevan a ser y sentirnos felices.
Incluso un bolsillo agujereado en lo económico tiene acceso al descanso dominical. Porque la clave es sentirlo; hacerlo nuestro. Saber que, cada siete dias, tenemos una pausa en nuestro alocado vivir. Tenemos la posibilidad de hacer que ese puñadito de horas pase a cámara lenta, y nos reponga de la semana y su desgaste.
Y sí, ya sabemos que el lunes, el innombrable como me gusta llamarle, espera su turno. Sabe que intentará borrarnos la sonrisa que el domingo nos dibujó. De nosotros depende…

2 comentarios:

  1. A fe que se disfruta de ese puñadito de horas si uno sabe como hacerlo , solo hay que ser caoaces de saber extraer es petroleo tan necesario de esos pequeños momento , y es en ellos donde sin duda uno puede encontrar la felicidad , como tu bien sabes my friend !!

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  2. Tu tambien conoces a que sabe un buen domingo…

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