No sé porqué extraña razón, muchos de nosotros damos mayor peso específico a los aspectos negativos de nuestro vivir. Centramos nuestra atención es esas cosas que nos quitan un trocito de algo que, para mí es indispensable y que nos define, que es nuestra felicidad.
Y,sin embargo, desechamos un sinfin de instantes, de momentos, de personas que son los que realmente nos hacen sonreir.
Y parece claro que las cosas buenas de la vida son las que tienen que ocupar el lugar preferente, el palco vip de nuestro pensamiento. Y,si buscamos en el ropero de nuestra mente, encontraremos mucho que ponernos, aunque nos empeñemos en ponernos siempre el mismo vestido gris marengo de sufrir y entristecerse.
Yo pensaré en la mano de mi hija pequeña cuando se agarra a la mia para cruzar una calle. Y pensaré también que mi hija mayor ya me llega mas allá del hombro. Y me acordaré de la última tormenta de besos con mi amor, que hizo que no supiera donde acababan sus labios y dónde empezaban los míos.
Y está una taza de café humeante. Y un helado de chocolate. Y la lluvia golpeando el cristal cualquier tarde de otoño. Y las sábanas recién puestas.
El primer sorbo de una jarra de cerveza helada, un dia al azar de verano. Un abrazo de ese amigo al que vimos hace mucho. Una rosa roja, o una habitación llena de rosas rojas. Cantar en la ducha. La ducha, sin cantar.
Tararear un estribillo de una cancion que se nos ajusta como guante de seda. Una foto divertida. Un mensaje que quiere saber si te encuentras bien.
La sonrisa de mi mujer. La caricia de mi mujer. El susurro de mi mujer. Mi mujer. Un plato de arroz con tomate. Compartir mesa y mantel en buena compañia. Comprobar que las nieves del tiempo platearon las sienes de mis padres. La sonrisa de los abuelos con los nietos.
Ver el mar. Oler a mar. Espuma de una ola. Andar por la arena. Atardecer en cualquie playa. Amanecer en cualquier montaña. El vuelo efímero de una estrella fugaz. El silencio de la noche.
Pasear mientras nieva. Mojarte la cara con la lluvia que cae, cadenciosa. Un jersey de lana. Un domingo en pijama, de principio a fin. El gol victorioso, no digamos si es en el último minuto. El pan del fin de semana. Recordar los regalos de infancia. Ver nadar a mis hijas. Saborear otra vez el primer beso que nos dimos hace muchos años ya.
Madrid. El parque del Retiro. Visitar el zoo. Ver una película en casa, con la luz apagada. Pacharán con hielo. Entrar en una pastelería y retroceder cuarenta años atrás. Reir. Llorar, que a veces hace falta. Vacaciones. Un viaje largo en coche. Un perfume, un vestido ajustado. Zapatos de tacon. Aprobar aquel examen que parecía insalvable. El primer dia de trabajo. El predictor dijo sí. Ver la carita de cada una de mis hijas al llegar. Blanca y radiante va la novia, mi novia. Dormir abrazado a mi compañera de camino. Despertar, y seguimos abrazados. Guerra de almohadas. Churros con chocolate. Pizza caliente. Las niñas pasan de curso. Cantar los cuatro en el coche. Uvas del 31.Noche de Reyes...
Y muchas de estas cosas no cuestan dinero, pero tienen un valor incalculable. Y están al alcance de nuestra mano…
Magistral mi querido Amigo , es de todas esas innumerables cosas de lo que uno debe llenar su mente y sobre todo su alma si de verdad se quiere ser feliz y claro que se puede .
ResponderEliminarUn abrazo !!!
Tu y tu familia sois parte de esa felicidad que he ido encontrando en mi camino,Chema Picaza...
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